Había una vez una princesa que vivía en un palacio muy grande. El día en que cumplía trece años hubo una gran fiesta, con trapecistas, magos, payasos..... Pero la princesa se aburría. Entonces, apareció un enano, un enano muy feo que daba brincos y hacía piruetas en el aire. El enano fue todo un acontecimiento.
Bravo, Bravo, decía la princesa aplaudiendo y sin dejar de reír, y el enano,contagiado de su alegría, saltaba y saltaba, hasta que cayó al suelo rendido. "Sigue saltando, por favor" dijo la princesa. Pero el enano ya no podía más. La princesa se puso triste y se retiró a sus aposentos.....
Al rato, el enano, orgulloso de haber agradado a la princesa, decidió ir a buscarla, convencido de que ella se iría a vivir con él al bosque. "Ella no es feliz aquí" pensaba el enano. "Yo la cuidaré y la haré reír siempre". El enano recorrió el palacio, buscando la habitación de la princesa, pero al llegar a uno de los salones vio algo horrible. Ante él había un monstruo que lo miraba con ojos torcidos y sanguinolentos, con unas manos peludas y unos pies enormes. El enano quiso morirse cuando se dio cuenta de que aquel monstruo era él mismo, reflejado en un espejo. En ese momento entró la princesa con su séquito.
"Ah estas aquí, qué bien, baila otra vez para mí, por favor". Pero el enano estaba tirado en el suelo y no se movía. El médico de la corte se acercó a él y le tomó el pulso. "Ya no bailará más para vos, princesa" le dijo. "¿Por qué?" preguntó la princesa. "Porque se le ha roto el corazón". Y la princesa contestó: "De ahora en adelante, que todos los que vengan a palacio no tengan corazón".
Oscar Wilde.
domingo, 9 de diciembre de 2012
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Capítulo 8. La última carta
Ésta es la última carta que voy a escribirte. Después desapareceré y podrás ser libre.
Hace ya un tiempo, y casi sin darnos cuenta, la casualidad y el destino nos hizo emprender un viaje sin retorno, a lo loco y sin frenos, que nos ha llevado a la situación actual.
¿Hay amor? No lo sé. ¿Hay cariño? Por supuesto. ¿Hay interés? Puede que sí, pero no mutuo, o no completo, o no real. ¿Hay futuro? Está claro que así no.
La distancia se alía con el tiempo, el tiempo con la voluntad y la voluntad con la prioridad. Da la casualidad de que la prioridad es mi enemiga y juega en mi contra. ¡Zas! He perdido.
Una relación se construye igual que una edificación. Se empieza por los cimientos, se continua por la estructura, se sigue con los suelos y tabiques y se termina con los detalles interiores.
En nuestro caso, los cimientos han sido simples palillos de madera y, sobre ellos, yo quería montar un gran rascacielos. ¿Problema? Pues que la estructura se ha derrumbado porque no ha podido soportar tanto peso encima. Y eso es una evidencia.
No quiero dañarme ni, por supuesto, quiero dañarte a ti, por lo que es mejor que pongamos fin a ésto aquí y ahora. No es necesario montar una escena de teatro, porque puede que algún día nuestras propias leyendas personales se crucen en su camino. O puede que no pero... ¡siempre nos quedará el bonito recuerdo de lo vivido!
Sé feliz y vuela libre porque, si algo he aprendido, es que los pájaros no pueden ser enjaulados, porque ellos son del viento, ellos son del aire.
Siempre te llevaré guardado en mi alma, porque hubo un tiempo en que necesité de ti.
Madhatter.
Hace ya un tiempo, y casi sin darnos cuenta, la casualidad y el destino nos hizo emprender un viaje sin retorno, a lo loco y sin frenos, que nos ha llevado a la situación actual.
¿Hay amor? No lo sé. ¿Hay cariño? Por supuesto. ¿Hay interés? Puede que sí, pero no mutuo, o no completo, o no real. ¿Hay futuro? Está claro que así no.
La distancia se alía con el tiempo, el tiempo con la voluntad y la voluntad con la prioridad. Da la casualidad de que la prioridad es mi enemiga y juega en mi contra. ¡Zas! He perdido.
Una relación se construye igual que una edificación. Se empieza por los cimientos, se continua por la estructura, se sigue con los suelos y tabiques y se termina con los detalles interiores.
En nuestro caso, los cimientos han sido simples palillos de madera y, sobre ellos, yo quería montar un gran rascacielos. ¿Problema? Pues que la estructura se ha derrumbado porque no ha podido soportar tanto peso encima. Y eso es una evidencia.
No quiero dañarme ni, por supuesto, quiero dañarte a ti, por lo que es mejor que pongamos fin a ésto aquí y ahora. No es necesario montar una escena de teatro, porque puede que algún día nuestras propias leyendas personales se crucen en su camino. O puede que no pero... ¡siempre nos quedará el bonito recuerdo de lo vivido!
Sé feliz y vuela libre porque, si algo he aprendido, es que los pájaros no pueden ser enjaulados, porque ellos son del viento, ellos son del aire.
Siempre te llevaré guardado en mi alma, porque hubo un tiempo en que necesité de ti.
Madhatter.
lunes, 6 de febrero de 2012
Capítulo 7. Enmascarado
Llevo tiempo sin escribir, quizá demasiado... Había olvidado lo bien que me venía ésto; la de terapias que me ahorro a base de no pensar o, por el contrario, a base de expresar lo que me nubla la mente. Hasta el más novato psicoanalista sabe que el primer paso para conocer a una persona es leer su diario, descubrir eso de lo que no se atreve a hablar en público, porque es ahí donde radica su personalidad desenmascarada, su verdadero yo sin protección alguna.
Mi blog se está convirtiendo en algo así, en una especie de radiografía de aquello que me pasa por la mente y que no expreso en público, en parte por vergüenza o en parte porque creo, de forma más o menos acertada, que no le importa a nadie. Y, seamos sinceros, es mucho más fácil escribir anónimamente que hablar cara a cara.
Hoy es uno de esos días en los que me gustaría no haberme levantado de la cama, de esos en los que las sábanas eran el mejor refugio para mi mente. ¿El motivo? No lo sé. No me ha ocurrido nada concreto, nada malo ni bueno. Es tan simple como que mi mente está dando vueltas continuamente, como una rueda, pensando, replanteando, abriendo nuevos caminos, cerrando otros, analizando, buscando como loca, pero a sabiendas de que no servirá de nada, una vez más será trabajo inútil, porque al final la máscara que la cubre seguirá en su sitio.
¿Debilidad? ¿Miedo a lo desconocido? ¿Bloqueo mental? Puede que una, puede que la combinación de todas.
Echo de menos al antiguo Gridemorium, el real, el artista, el bohemio, aquel cuya mente era fuerte, aquel que sabía lo que quería, lo tenía claro y luchaba por ello. Esa persona que intentaba por todos los medios hacer lo que se proponía hasta que lo conseguía. Ese ser feliz dentro de lo posible.
Ahora es Madhatter, el auténtico Sombrerero Loco, quién me invade y es un personaje gris, desapasionado, sin motivaciones aparentes y sin tener muy claro su visión más allá del valle de rosas rojas. Por mucho que se suba a lo alto de la torre, no consigue ver más allá, es como si las tierras baldías nublaran su mente.
Sé que estoy divagando sin sentido, hablando de cosas al azar, pero es lo que me apetece hoy, porque es el fiel reflejo de mi mente, un caos continuo.
Quiero volver al pasado, no sé si debo montarme en un DeLorean o si debo atravesar alguna puerta perdida en una playa, pero quiero [debo] encontrar el camino de baldosas amarillas que me devuelva a mi propio Oz donde el mago, desde su Castillo de Ciudad Esmeralda, me hará recobrar aquello que perdí.
¿Quieres ayudarme?
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