Llevo tiempo sin escribir, quizá demasiado... Había olvidado lo bien que me venía ésto; la de terapias que me ahorro a base de no pensar o, por el contrario, a base de expresar lo que me nubla la mente. Hasta el más novato psicoanalista sabe que el primer paso para conocer a una persona es leer su diario, descubrir eso de lo que no se atreve a hablar en público, porque es ahí donde radica su personalidad desenmascarada, su verdadero yo sin protección alguna.
Mi blog se está convirtiendo en algo así, en una especie de radiografía de aquello que me pasa por la mente y que no expreso en público, en parte por vergüenza o en parte porque creo, de forma más o menos acertada, que no le importa a nadie. Y, seamos sinceros, es mucho más fácil escribir anónimamente que hablar cara a cara.
Hoy es uno de esos días en los que me gustaría no haberme levantado de la cama, de esos en los que las sábanas eran el mejor refugio para mi mente. ¿El motivo? No lo sé. No me ha ocurrido nada concreto, nada malo ni bueno. Es tan simple como que mi mente está dando vueltas continuamente, como una rueda, pensando, replanteando, abriendo nuevos caminos, cerrando otros, analizando, buscando como loca, pero a sabiendas de que no servirá de nada, una vez más será trabajo inútil, porque al final la máscara que la cubre seguirá en su sitio.
¿Debilidad? ¿Miedo a lo desconocido? ¿Bloqueo mental? Puede que una, puede que la combinación de todas.
Echo de menos al antiguo Gridemorium, el real, el artista, el bohemio, aquel cuya mente era fuerte, aquel que sabía lo que quería, lo tenía claro y luchaba por ello. Esa persona que intentaba por todos los medios hacer lo que se proponía hasta que lo conseguía. Ese ser feliz dentro de lo posible.
Ahora es Madhatter, el auténtico Sombrerero Loco, quién me invade y es un personaje gris, desapasionado, sin motivaciones aparentes y sin tener muy claro su visión más allá del valle de rosas rojas. Por mucho que se suba a lo alto de la torre, no consigue ver más allá, es como si las tierras baldías nublaran su mente.
Sé que estoy divagando sin sentido, hablando de cosas al azar, pero es lo que me apetece hoy, porque es el fiel reflejo de mi mente, un caos continuo.
Quiero volver al pasado, no sé si debo montarme en un DeLorean o si debo atravesar alguna puerta perdida en una playa, pero quiero [debo] encontrar el camino de baldosas amarillas que me devuelva a mi propio Oz donde el mago, desde su Castillo de Ciudad Esmeralda, me hará recobrar aquello que perdí.
¿Quieres ayudarme?
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