miércoles, 28 de noviembre de 2012

Capítulo 8. La última carta

Ésta es la última carta que voy a escribirte. Después desapareceré y podrás ser libre. 

Hace ya un tiempo, y casi sin darnos cuenta, la casualidad y el destino nos hizo emprender un viaje sin retorno, a lo loco y sin frenos, que nos ha llevado a la situación actual.

¿Hay amor? No lo sé. ¿Hay cariño? Por supuesto. ¿Hay interés? Puede que sí, pero no mutuo, o no completo, o no real. ¿Hay futuro? Está claro que así no.

La distancia se alía con el tiempo, el tiempo con la voluntad y la voluntad con la prioridad. Da la casualidad de que la prioridad es mi enemiga y juega en mi contra. ¡Zas! He perdido.

Una relación se construye igual que una edificación. Se empieza por los cimientos, se continua por la estructura, se sigue con los suelos y tabiques y se termina con los detalles interiores. 

En nuestro caso, los cimientos han sido simples palillos de madera y, sobre ellos, yo quería montar un gran rascacielos. ¿Problema? Pues que la estructura se ha derrumbado porque no ha podido soportar tanto peso encima. Y eso es una evidencia.

No quiero dañarme ni, por supuesto, quiero dañarte a ti, por lo que es mejor que pongamos fin a ésto aquí y ahora. No es necesario montar una escena de teatro, porque puede que algún día nuestras propias leyendas personales se crucen en su camino. O puede que no pero... ¡siempre nos quedará el bonito recuerdo de lo vivido!

Sé feliz y vuela libre porque, si algo he aprendido, es que los pájaros no pueden ser enjaulados, porque ellos son del viento, ellos son del aire.

Siempre te llevaré guardado en mi alma, porque hubo un tiempo en que necesité de ti.

Madhatter.


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